desde èl emergen la pureza, la dulzura, la inocencia, plasmadas en el jazmín.
La azalea insolente despertò ya, purpúrea, dòcil en impúber septiembre,
mientras el durazno presuroso coronò de rosado, transmutando en
diciembre de matices vespertinos.

Abril me encuentra navegando hídricos ocres, inmerso en la legendaria Santa María del Buen Ayre
devenida en Venecia Subtropical.
Dejo por un rato el timón de la carabela; retomando mi afición por la escritura como medio para
arribar a buen Puerto. Una vez en tierra firme, comienzo mi travesía con la intención de hallar el
bien mas preciado, reflejado en el espejo de otro ser...
Que dicha despertar y encontrar por las mañanas, antiguas botellas encalladas en la orilla,
con buenas nuevas escritas en virtuales pergaminos procedentes de una remota isla cósmica,
advirtiendo que la luna encarnó en mujer, brindándose plena de alboradas fecundas.
El tinte anaranjado va cubriendo cada uno de los rincones de este terrón, acorralado entre
grisáceas murallas que le han ganado espacio al pedacito de vida que se abre paso, buscando
ingenuamente la tibieza que febo le otorga cada jornada.
Qué es el amor sino calor?, qué es el amor sino dolor?...solloza el príncipe incoloro ante la ausencia
de su doncella añil, que ha decidido salir de gira por la galaxia.
Tal vez el cielo insolente le dé una respuesta a su interrogante, quizá el cauce del espléndido estuario acaramelado le permita flotar, trasladándolo hacia otras playas al resguardo de sus emociones.
La transición estacional agudiza los sentidos a tal extremo que las mas diversas sensaciones se prenden al alma como volátiles abrojos, instalándose estratégicamente en el sector mas proclive al estallido.
Arroyuelos de nácar trazan su inevitable camino, atraves de esmeraldas diurnas, zafiros crepusculares materializando el anhelo del reencuentro en el dulce manantial, mas allá de la tierra prometida.
Hernan Contento - Abril 2007
Hernan Contento